Himno a los árboles

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Es una obra visionaria, que por momentos traduce, en la salida de la caverna, allá a lo lejos, una visión utópica, la del paisaje soñado de la “Tierra sin Mal”, un mito de los pueblos guaraníes, habitantes originarios del nordeste argentino, el Paraguay, y parte del Brasil. Este mito habla de un territorio como del más allá, pero que también se puede encontrar en el más acá, en el tiempo y espacio físico de los vivos. Puede interpretarse como un lugar habitado por los vivos o solamente por las almas de los muertos.  Así, estos pueblos perseguían constantemente la búsqueda de esa tierra y el mito explica las constantes migraciones de éstos a lo largo de su historia. Sea como fuere, pocas culturas han buscado con tanto ahínco su paraíso perdido. Un paraíso que nunca dejaron de buscar, en un largo proceso espiritual. De hecho, toda su existencia estaba inexorablemente guiada por ese propósito. 

Retomo de manera intuitiva este concepto guaraní y lo resignifico en mi obra, tal vez porque yo también me encuentro en la búsqueda de la Tierra sin Mal.  Un paraíso que ellos nunca dejaron de buscar. Yo tampoco dejo de hacerlo, a través del arte. 

 

Abrazadoras de árboles

Las “Abrazadoras de árboles” están inspiradas por el movimiento Chipko. 

Chipko es el nombre con el que se conoce a un movimiento ecologista donde la participación de las mujeres es especialmente notable, basado en la resistencia no violenta.

El movimiento Chipko se inspiró en una lucha que ocurrió en la India hace más de 300 años y que tenía a una mujer como líder. En aquella época, integrantes de las comunidades Bishnoi y Rajasthan sacrificaron sus vidas al intentar salvar los árboles sagrados khjri, abrazándolos.

Luego, en la década del 70 un grupo de discípulas de Gandhi  realizó acciones de resistencia de forma parecida: abrazando árboles para resistir las acciones de grupos de madereros. En efecto, la primera acción del movimiento Chipko fue en 1973, cuando los pobladores de la comunidad Mandal se adentraron en los bosques tocando tambores para salvar 300 árboles de fresno que iban a ser talados por una empresa. Los motosierristas, al ver a la comunidad organizada y a las mujeres determinadas a abrazar los árboles, desistieron de talarlos. 

El movimiento utilizó entre otras cosas un poema compuesto en aquella época que decía: “Abraza nuestros árboles, sálvalos de su caída. El dominio de nuestras montañas, sálvalo de la depredación”. 

La palabra Chipko procede de la lengua hindi y su significado es abrazar. El nombre alude a su acción más conocida, llevada a cabo en el valle Doon, desde 1986 a 1988, donde los activistas, mujeres en su mayoría, se abrazaban a los árboles para entorpecer e impedir su tala. Realmente, lo que hacían era atarse a sus troncos. Cada activista adoptaba un árbol y se ataba a él, intentando resistir hasta el agotamiento.

Aunque sus objetivos son medioambientales y sociales, el movimiento es fiel a los ritos hinduistas. Por ejemplo, las mujeres atan rakhis amarillos —hilos sagrados— alrededor de los árboles para señalar su relación con ellos y proporcionarles protección; asimismo, en esta ceremonia ofrecen lecturas de textos sagrados del hinduismo, para afianzar esa protección simbólica.

Las historias religiosas han servido para aumentar la conciencia medioambiental, relacionando a ciertas deidades hindúes, como Krishna, por su conocimiento sobre la bondad, utilidad y santidad de los árboles.

Asimismo, las formas de expresión de la resistencia a la tala se han extendido a cánticos espirituales, rezos y otros rituales. Un ejemplo muy notable en este sentido han sido las marchas simbólicas llamadas padyatras (que evocan la imagen de las peregrinaciones a los santuarios religiosos del hinduismo) por las villas y pueblos cercanos a los Himalayas para aumentar con ello el proceso de concienciación para su conservación. Así, asociando los bosques a los textos sagrados hindúes, el movimiento ha mantenido un importante respaldo moral.

El desequilibrio ecológico afectaba, sobre todo, a las mujeres, ya que ellas realizan el 98% de las actividades agrícolas y ganaderas, una realidad muy común en todo el mundo. En un contexto de aumento de los aserraderos y de la explotación de los bosques, el movimiento Chipko se dio cuenta de que la conservación de los bosques era esencial para la continuación de las actividades económicas de las cuales dependían.

Estas mujeres defendieron el medioambiente en nombre del principio femenino de la naturaleza